Publicado en China

CURIOSIDADES DE LA VIDA EN CHINA

Ahora que se acaba el 2017, nos hemos puesto a recordar todo lo que hemos vivido durante este año, un año que ha estado marcado por nuestra ruta por Asia y, sobre todo, por la experiencia de vivir en China. Si echamos la vista atrás nos vienen a la mente varios momentos que hemos vivido en China y que permanecerán en el recuerdo —seguro— durante mucho tiempo. No os podéis imaginar la de veces que decimos ahora eso de “¿te acuerdas de…?” y, es que, al final, nos quedamos con aquello que más nos ha llamado la atención, con lo que es diferente a lo que estamos acostumbrados a ver en nuestro día a día y con todas aquellas anécdotas que te sacan una sonrisa cada vez que te llegan a la mente.

En este post queremos compartir con vosotros unas cuantas de esas curiosidades con las que nos hemos topado durante los meses que hemos estado viviendo en el sur de China.

Por supuesto, la mayoría de estas “curiosidades” son cosas que a nosotros nos han llamado la atención, son pequeñas anécdotas que hemos vivido y que os contamos desde nuestro punto de visto. Por lo tanto, no es nuestra intención generalizar o dar a entender que esto sea la realidad de todo el mundo.


EN CASA


¿Así es la ducha?

Pese a lo que esperábamos, nuestro piso en Shenzhen era bastante grande y muy parecido a lo que estábamos acostumbrados, es decir, tenía el salón, la cocina —separada del salón por unas puertas de cristal—, un dormitorio con una cristalera gigante, un baño y una pequeña terracita donde estaba la lavadora y podíamos tender la ropa.

Lo único raro, diferente, es que no había ducha. Bueno, para ser más exactos, ducha sí había, pero lo que no había era una mampara o alguna cortina que permitiera la separación con el resto del baño. Seguro que muchos estaréis pensando que no es para tanto… ¡y tenéis razón, no lo es! Nosotros nos acostumbramos rápido a eso: nos duchábamos con chanclas y, como todo el suelo del baño se llenaba de agua, nos compramos una especie de esponja con palo para recogerla (no, fregona no había). Por lo que pudimos ver, los dueños del piso, tenían un cubo en el que se metían para ducharse y que, de esta manera, parte del agua quedase ahí recogida.

Buzones para paquetería

En el portal no había buzones para cartas, sino para paquetería ¿no es una idea genial? Lo cierto es que así es mucho más fácil comprar por Internet, ya que no tienes que preocuparte por estar en casa para recibir el paquete o por pedirle el favor de recogerlo al vecino.


EN LA PELUQUERÍA


¡Ojalá lo hubiese descubierto antes!

Sí, los dos nos hemos animado a ir a la peluquería en China, ¡y sin hablar chino! A Dani le han hecho un corte de pelo muy moderno, propio de cualquier personaje famoso que podáis ver en la tele, pero el verdadero descubrimiento ha sido la peluquería de mujeres.

peluquería_china.jpg

He pedido cita (con la ayuda de una chica china que hablaba inglés), he ido a la hora, he esperado a que me tocara mi turno y, mientras, iba ojeando una de las muchas revistas que había encima de la mesita que tenía delante. Hasta ahí, todo normal, prácticamente como si no estuviese en China. Lo cierto es que eso nos pasaba bastante a menudo: muchas veces teníamos la sensación de que todo era exactamente igual a lo que estábamos acostumbrados a ver hasta que, de repende, sucedía algo, aparecía un pequeño detalle que nos recordaba que estábamos en China. Pues bien, una vez que llegó mi turno, di con esa pequeña diferencia.

Me llevaron a la planta de arriba, donde tenían un montón de camillas. Pensé que me había confundido y que en vez de pedir que me cortaran el pelo había pedido algún tipo de tratamiento. Tampoco podía decir nada, así que me limité a hacer lo que me iba indicando el chico. La gran diferencia con respecto a las peluquerías a las había ido en Europa es que, en China, te tumban para lavarte el pelo. Pero, además, no solo te lavan el pelo, sino que te dan un super masaje en la cabeza, en la espalda y en los brazos mientras esperas la media hora con la mascarilla puesta. ¡Un lujo! Hay una sola parte del ritual que hubiese omitido: ¡los diez minutos en los que te limpian las orejas con el bastoncillo!

Al final, el lavado de pelo, junto con todo lo demás, duró más de una hora. Ya os adelanto que una de las cosas que he aprendido en China es a tener mucha paciencia y a concebir el tiempo de otra manera. Después tocaba el corte de pelo… ¡una hora más! No os podéis imaginar con qué cuidado y con qué precisión me cortaba el pelo ese peluquero, iba casi mechón por mechón, cortándolo al milímetro. ¡Alucinante!

La parte del peinado la podemos omitir. Simplemente os puedo decir que dejé que el peluquero me hiciese lo que quisiese… ¡no había manera de decirle que lo quería liso, que es como lo llevo siempre!, así que decidió hacerme unas ondas y estuve dos horas más ahí sentada. Haced los cálculos, pero creo que nunca en mi vida había pasado tanto tiempo en la peluquería para el típico “cortar y peinar” que me hubiesen hecho en media hora en España. Por cierto, todo me costó el equivalente a unos diez euros.


EN EL SUPERMERCADO


pasillo_supermercado.jpg

Pasear por los pasillos del supermercado se llegó a convertir casi en uno de nuestros hobbies. Cada día que íbamos dábamos con algún producto que no conocíamos e intentábamos averiguar lo que era. Además, allí se lleva mucho eso de que te enseñen los productos y te ofrezcan probarlos, con lo cual todos los días podíamos ir probando cosas nuevas.

En casi todas las secciones había alguna persona que intentaba convencerte de comprar algún producto en especial. Lo cierto es que eran bastante convincentes, y eso que no entendíamos lo que decían…

pero un día estuvimos unos diez minutos escuchando a una mujer que nos intentaba convencer de comprar un detergente… y lo acabamos comprando, ¡no había salida posible!

La hora de las ofertas. 

La hora de las ofertas en supermercado

partir de las ocho de la tarde comienzan las ofertas en aquellos productos que se tienen que vender en el día, sobre todo, en la fruta y en el pan o la bollería. Lo que hacen es que, o bien bajan el precio del producto a la mitad, o bien cogen dos unidades y las unen con cinta roja, de modo que te puedas llevar dos por el precio de una. Mucha gente lo sabe y era muy habitual ver cómo se agolpan para llevarse algo.

Compresas expuestas. 

¿Cómo vas a saber cuáles vas a comprar si no las puedes ver? Pues bien, en China las compresas están expuestas para que puedas comparar unas con otras y así decidirte. ¡No es broma!

Nada de dulce. 

Una de las cosas que peor llevamos con respecto a la comida es que no había nada que fuera realmente dulce. En primer lugar, no había el típico pasillo de dulces y chocolates que te puedas encontrar en cualquier supermercado de España; es más, era bastante difícil encontrar alguna tableta de chocolate y cuando dábamos con ella, el precio era mucho más alto que en España. Encima, parece ser que basta con que no lo tengas para que apetezca aún más. Nuestras dos alternativas eran unos muffins de chocolate y las galletas de Chips Ahoy, pero os aseguramos que debían de tener aproximadamente una cuarta parte del azúcar que tendrían estos productos en España.

¿Dónde están las tartas?

Si era difícil dar con el chocolate, de las tartas ya ni hablamos… Había poquísimas tartas y ninguna de ellas con un aspecto apetecible. Casi todas llevan fruta por encima, y el tomate, por ejemplo, es considerado como una fruta.

¿Yogures o batidos?

Los yogures son todos mucho más líquidos que en España y, de hecho, todos vienen con pajita para que te los puedas beber.


EN EL RESTAURANTE


Guantes para comer.

guantes_restaurante_China

Creo que aún no lo hemos dicho, pero la mayor parte de nuestras comidas eran arroz o tallarines. Eso sí, de vez en cuando, salíamos a comer a algún sitio más “occidental” y una de nuestras sorpresas fue que siempre que pedíamos pizza, perritos calientes, o alguna otra cosa que se comiese con las manos (o más bien, que no se pudiese comer con palillos), nos daban unos guantes de plástico transparente.


EN EL CENTRO COMERCIAL


¿Un solo váter?

Pese a que Shenzhen es una ciudad que se ha desarrollado principalmente en los últimos cuarenta años y que, por lo tanto, todos los centros comerciales que tiene son bastante recientes —y muchos bastante lujosos— en la mayoría de ellos sigue habiendo los tradicionales inodoros para estar de cuclillas. Era muy poco habitual dar con algún váter para sentarse. La proporción era aproximadamente uno de cada diez, lo bueno es que casi siempre estaba libre.


 

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